Un último esfuerzo

13 mar Un último esfuerzo

Hoy en día el corcho tiene un gran competidor en el plástico y otros productos sintéticos. Su principal uso es como tapón para las botellas de vino, pero los tapones sintéticos son mucho más rentables económicamente. Pero esta rentabilidad es relativa, ya que excluye intencionadamente de su fórmula matemática otros factores como los medioambientales o los sociales. Seguir usando tapones de corcho implica seguir gestionando de manera sostenible los ecosistemas tradicionales de bosques de alcornoques –Quercus suber L. y mantener todo el empleo y formas de vida asociados a esta industria. Hay mucha gente que vive del corcho y que en torno al corcho han construido un cuerpo de conocimientos, valores y creencias transmitidos de generación en generación que han dado sentido a muchos pueblos y sus alcornocales. Los tapones de plástico contribuyen a que todo esto se disuelva poco a poco, como un comprimido efervescente.

La entrada de hoy sirve para justificar estas palabras y este vídeo que acompaña. Siempre que hacemos trabajo de campo llevamos nuestra cámara. Además de estar con gente –que es lo que mejor deberíamos saber hacer los antropólogos–, también tomamos imágenes y grabamos vídeos. Hay que hacer de todo, que no se escape nada. A veces se siente uno ridículo durante esos intentos por querer abarcar todo cual entusiasta “hombre orquesta”.

De esas ocasiones en que las probabilidades de éxito estético –audiovisual o fotográfico– son reducidas, a veces salen productos aceptables. Eso ocurrió en esta ocasión cuando parte del Grupo de Investigación Cultura, Ecología y Desarrollo (GICED) acompañamos a una cuadrilla de hombres que entresacaban corcho en Cortegana, en el Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Con sus mulas se adentraron en lo profundo de la sierra. Con sus hachas se abrieron camino por entre el denso bosque en busca de los alcornoques. Ellos sabían dónde iban, leyendo señales que ofrecía el monte que guiaban sus pasos. Nosotros los seguíamos a ellos. Con nuestras preguntas y nuestras cámaras.

Agustín Coca y Manutrillo reflejan este mundo en su muy recomendable documental etnográfico “Nosotros los hombres del corcho”. Hoy os dejamos nuestra contribución propia hecha en el año 2013. No íbamos equipado con el mejor equipo, pero sirvió para dar testimonio de lo que allí ocurría, de lo que nosotros sentimos y observamos aquel día. Un paso inseguro por la estrecha senda que dibujó el hombre va narrando la historia, dejando atrás jaras, romeros y lavandas.

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