Educación y creatividad.

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08 mar Educación y creatividad.

¿Alguna vez os habéis preguntado para qué educamos? ¿Cuál es el propósito?

Ken Robinson, especialista en creatividad y educación, lo tiene claro. Y afirma que educamos por cuatro razones:

  • Económicas: queremos que nuestros hijos sean económicamente independientes (y cuanto antes mejor, ja, ja).
  • Culturales: han de aprender por qué pensamos como lo hacemos, y saber que hay mucha gente que puede pensar diferente. Y que la forma de pensar depende de la sociedad en que vivas, del momento histórico.
  • Sociales: es necesario que nuestros hijos adquieran el sentido de comunidad, que aprendan a tener relaciones sanas con el resto de miembros del grupo
  • Personales: la educación ha de permitirles sentirse realizados, desarrollar sus habilidades y talentos; crecer como individuos, cada uno con sus diferencias.

Atendiendo a estas cuatro razones, Robinson hace una serie de reflexiones sobre las relaciones de cada propósito y el sistema educativo actual. Gran parte de su trabajo, que seguimos en CACTUS con gran interés, es demostrar que las cosas se pueden hacer de otra manera, que existe otra forma de educar, basada en la creatividad y en los talentos individuales de cada niño.

Según Robinson, si uno de los propósitos de la educación es el económico, dotar a nuestros jóvenes de herramientas para poder ganarse la vida en el futuro, lo estamos haciendo mal. En un estudio hecho por IBM, más de 1500 directores ejecutivos de más de 60 países respondieron que el perfil que están buscando actualmente es el de personas con creatividad. Las empresas necesitan gente capaz de enfrentarse a situaciones complejas y resolverlas con ingenio. Y si esto es lo que demandan las empresas, ¿formamos a los jóvenes de manera adecuada? Robinson es tajante en esto: NO. Las escuelas matan la creatividad. Entendida la creatividad como el proceso de tener ideas originales que son de utilidad, el sistema educativo actual fomenta la uniformidad, la estandarización, la norma, y no aprovecha el potencial de una gran cantidad de individuos diversos con habilidades y talentos muy diferentes, que tendrían que aportar mucho al complejo mundo para el que se preparan. En este sentido, existe una gran jerarquía entre las materias dentro de los sistemas educativos, por ejemplo, en la parte superior están las matemáticas y el lenguaje, luego las humanidades, y en la parte inferior, las artes. Incluso dentro de las artes, la plástica y la música tienen normalmente un estatus superior en las escuelas que el teatro y la danza.

¿No hay un sistema de educación que enseñe danza todos los días a los niños, al igual que enseña matemáticas? ¿Por qué? Los niños bailan todo el tiempo, se les permite, todos lo hacemos porque tenemos cuerpo, ¿no? Y con el cuerpo y el movimiento también pensamos, no sólo pensamos mediante la razón y la lógica.

¿Estamos favoreciendo entonces la creatividad en las escuelas? Todo parece apuntar que no: exámenes estandarizados, programas educativos pensados por políticos sentados en sus amplios despachos, atención no personalizada, normas, reglas, horarios. El resultado de esto, es que se está educando a los niños fuera de sus capacidades creativas.

El verdadero motor de la creatividad es el descubrimiento y la pasión por el trabajo.

Aunque no todo lo que queremos contar aquí en cuanto a educación y creatividad es negativo, conocemos multitud de proyectos innovadores por el mundo, pequeñas escuelas creativas que nacen día tras día y que, a pesar de no tener mucha voz, van sembrando la semilla que transformará el futuro educativo. ¡Y no hay que irse muy lejos! En Pontevedra, se realizó en 2015 un libro ilustrado entre más de 150 alumnos. El propósito de esta actividad era facilitar que los alumnos se convirtieran en emprendedores, creadores y gestores de un producto, que comenzaran a ser autosuficientes, sin necesidad de que el profesor tomara la iniciativa en el aprendizaje. En este proyecto los niños compartían sus experiencias con alumnos de distintos centros, apoyándose en las nuevas tecnologías como herramientas transversales a todo el proceso. Este ejemplo es un comienzo, una chispa, que percibe las capacidades creativas de los niños como la riqueza que son, y pone la esperanza en la tarea de educar como modo de cambiar las cosas.

Para cerrar esta aportación, os dejamos algunas frases recopiladas en algunas de las lecturas y vídeos que hemos visitado recientemente:

– “no podemos esperar que los niños aprendan las habilidades del sXXI en colegios construidos para los 50. Necesitamos colegios diseñados para el éxito del futuro”.

– “en la actualidad, preparamos a nuestros jóvenes para trabajos que ya no existen y tecnologías todavía no inventadas para resolver problemas que ni siquiera sabemos que serán problemas todavía”.

– “lo que queremos es que los niños persigan el conocimiento, no que el conocimiento los persiga a ellos”.

– “preparamos a profesores y maestros para que cuando consigan su plaza dentro de 30 años, enseñen lo que han aprendido hace 30 años. No es una constante vuelta atrás”.

¿Qué os ha aparecido? ¿Estáis de acuerdo con estas reflexiones? ¿Conocéis alguna práctica pedagógica que reconozca y potencie la creatividad? ¡Cuéntanosla!

CACTUS
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