Nueva sociabilidad en torno al agua

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24 feb Nueva sociabilidad en torno al agua

El día 15 de febrero se presentó en Écija, en el centro SEDESA, el libro Nuestro Tesoro Azul, editado por el GDR Campiña-Los Alcores. CACTUS se ha responsabilizado de la edición de contenidos, el diseño y la maquetación.

Nuestro Tesoro Azul se encuadra dentro de un ambicioso proyecto educativo, La Maleta Viajera, cuyo objetivo central es la educación ambiental para la conservación de la biodiversidad y el patrimonio natural del territorio. Diferentes herramientas como el libro Nuestro Tesoro Azul, paquetes de semillas tradicionales o información para llevar a cabo prácticas de cultivo en ecológico, son puestas a disposición de los colegios que deseen colaborar.

En la edición de Nuestro Tesoro Azul había que tener en cuenta la representatividad de los diferentes municipios de la comarca, así como ser capaz de abrazar los diferentes usos y elementos asociados al agua. CACTUS partió de una propuesta de contenidos elaborada por el GDR Campiña-Alcores -que incluía una exhaustiva revisión del patrimonio hidráulico de la comarca-, para luego transformarlo en una historia atractiva en diseño y adaptada a las formas de entender y percibir de los más jóvenes. Esto fue el verdadero reto de Nuestro Tesoro Azul.

Para los que practicamos la Etnografía, hablar del agua es pensar en personas y las relaciones que entre ellas se dan en torno a este recurso. Al ser el agua algo tan habitual hoy en día -aparece tan solo con abrir el grifo-, nos olvidamos de las diferentes funciones que ha tenido a lo largo de la historia, los usos presentes y pasados, así como los valores y percepciones asociados a ella. El agua ha condicionado la manera de vivir de los pueblos, la forma de entender el mundo. Pero poco a poco nuestra sociedad ha ido perdiendo conciencia de su protagonismo. Juan Requejo lo expresa mediante la idea de desacoplamiento: la ciudad de hoy está desconectada, desacoplada de su territorio y las características de éste. En lo que al agua respecta la ciudad, a través del empleo de energía y tecnología, ha dejado de considerar sus formas y expresiones en el entorno. Olvida cualquier limitación.

Hay que recuperar esa conciencia dando cuenta de todo lo que nos vincula al agua. Y para ello podemos comenzar con los más jóvenes. Acercarlos al agua y abrir las puertas a nuevas expresiones sociales en torno al agua. Esa es la intención de Nuestro Tesoro Azul.

En todas culturas el agua ha tenido funciones muy importantes: se ha usado para beber, para lavar y limpiar, para regar los campos, para divertirnos, o formar parte del ornamento de casas, patios y jardines. Más allá, el agua ha sido vehículo de la sociabilidad de la gente, favorecedora de las relaciones entre personas y de lo que estas representaban. En las fuentes se iba no solo a beber o limpiar, sino a conocer al desconocido, a encontrar al viajero, a tratar con el mercader, a seducirse los enamorados. La arquitectura del agua permitía los juegos de los niños y los no tan niños, la celebración de fiestas de los pueblos, y la muestra del poder y el estatus. Los ríos y arroyos eran lugares para el poeta ensoñar y los enamorados galantear.

El agua ha servido también de referente vital y social para los pueblos, de elemento identitario que favorece la cohesión social, que nos gusta decir en Antropología. Porque la gente le daba valor al agua, la dotaba de un significado, la llenaba de contenido, y se identificaba con ella. Así ocurre en lugares como Galaroza, donde hace unos años tuvimos la oportunidad de trabajar para ser testigos de esto. El agua es omnipresente en la vida de los lugareños. Para ellos el agua no es solo H2O.

Por último el agua también ha tenido un papel simbólico muy importante, como elemento mágico que depura el alma y quita los pecados, que recibe nuestros deseos, que sana las enfermedades o que es regalado por los dioses. En definitiva, y como dice el adagio, algo tendrá el agua cuando la bendicen.

Gente y más gente en torno al agua. ¿Sigue ocurriendo así en nuestra comarca?

A pesar de esto, y por efecto de esa pérdida de conciencia, el paisaje del agua ha sufrido una gran transformación en los últimos tiempos: los arroyos están mal cuidados, las aguas contaminadas, los acuíferos exhaustos, los pilares y abrevaderos en ruinas, las norias perdidas y los pozos cegados. La arquitectura del agua ha perdido centralidad. Algunas fuentes y pilares han ido quedando desplazadas a las periferias de nuestras ciudades. Otras han quedado en el centro de los pueblos y reducidas a elementos estéticos en calles y plazas. Aquéllas, las que estaban en las veredas, las antiguas autopistas, han quedado ocultas. Sólo los románticos del paisaje rural conocen donde se encuentran, y algunos caminantes del colesterol las saludan en sus rutinarias y apresuradas marchas. Para el resto no existen. Como escribe Pedro Cantero, se ha perdido la memoria social del paisaje del agua. En efecto, ya no hay gente en este paisaje, no hay encuentros, no hay rezos, no hay llantos, ni misterios, ni historias.

Hay que posibilitar la nueva sociabilidad del agua. Recuperar la memoria y adaptarla al presente. Como poco, el agua sirvió el pasado 17 de febrero para que gentes de nuestra comarca nos reuniéramos en torno a ella. No era agua física, sino una representación. La nueva sociabilidad del agua puede ocurrir de la mano, no sólo de las instituciones que ahora asumen el papel de su protección, sino de los diferentes actores sociales presentes en el territorio que se relacionan con ella. De ello daban cuenta los antropólogos Elías Zamora y Rufino Acosta cuando hablaban de las nuevas demandas y nuevos actores sociales en juego en los campos de la sobremodernidad. La nueva sociabilidad del agua se materializa en las acciones de los grupos de expertos e interesados en su valoración –ecologistas, defensores del patrimonio histórico y natural, académicos, etc.-. Puede ocurrir a través del ahora llamado turismo activo, del turismo experiencial, las actividades deportivas, la gastronomía local, o cuando se convierte el agua en recurso educativo para la ciudadanía. Es mucho el potencial que el agua tiene para recuperar su centralidad en el territorio y es quizá ahora el momento para conseguirlo.

El conocimiento en torno al agua es rico: el botijo, la cantimplora, el pitorro, el agua gorda, el chanca, el aguador, el zahorí, el manantial, el pozo, la fuente, el pilar, el abrevadero, el chorro, el brocal, el caño, el arroyo, el regajo, la regatera, el remolino, la charca, el charco, el río, el molino, la rueda, la atarjea, el molinero, la maquila, el arriero, el gañán, el aguachirri, el chirimiri, el rocío, la blandura, el aguacero, el canal, el pantano, la acequia, la lieva, la alberca, la poza, el pozo, el venero, el agua bendita, y tantas y tantas más.

No queremos que todo esto se pierda. En el conocimiento acumulado se concentra nuestra historia. Cuidemos Nuestro Tesoro Azul.

CACTUS
contacto@cactuslab.es
1comentario
  • JOSÉ ANTONIO CRUZ MEJIAS
    25 febrero Responder

    Qué bonito lo que cuentas!
    Las personas, el agua, el olivar…… la vida y una nueva forma de contar, eso es lo que pienso cada vez que veo el proyecto web que habéis planteado para la aceituna sevillana.
    Para quien quiera visitarnos, os dejo nuestra dirección: http://www.aceitunasevillana.es.
    Sigamos hablando de agua, campo, productos locales, las personas, los territorios, los pueblos,….., de la vida.

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